Sostenibilidad: Cuando la solución es el problema
Estrella Giraldo
Responsable del departamento de Project Management de Arup
"Cualquier medida que mejore la rentabilidad de los activos existentes es una prioridad para para asegurar su viabilidad y para ayudarles a competir frente a promociones más recientes"
El stock inmobiliario en nuestro país está dominado por un gran parque de edificios antiguos, con un elevado consumo de energía y agua, que les hace perder competitividad respecto a las nuevas edificaciones. Lamentablemente, en edificación lo obsoleto está a la orden del día. Y como consecuencia del clima económico actual, son pocas las empresas que pueden apostar por edificaciones nuevas más eficientes. Pero no hablemos de crisis, sino de lo que tenemos que hacer como oficio en el momento presente.
Cualquier medida que mejore la rentabilidad de los activos existentes es una prioridad para asegurar su viabilidad y para ayudarles a competir frente a promociones más recientes. Sin embargo ¿está la ingeniería dando soluciones efectivas a estas necesidades urgentes del parque edificado? La ingeniería debe, por una síntesis de medios y de fines, llegar a una buena solución a partir de a las necesidades planteadas por nuestros clientes. ¿Cómo aportar cambios que generen resultados efectivos? ¿En qué medida los ingenieros de hoy estamos colaborando con las necesidades reales de nuestros clientes?
Por un lado, se nos pide rentabilizar en un tiempo corto las inversiones realizadas, y que evaluemos el impacto financiero de cada posible actuación de mejora sobre un edificio existente. Por otro lado, el cambio hacia una economía sostenible incita a que los nuevos negocios se replanteen cómo gestionar mejor sus edificios. Y no sólo para estar al tanto de las normativas, sino también para aprovecharse de los incentivos financieros disponibles y reducir costes de operación. Las soluciones en ingeniería implican imaginación e intuición, pero también una selección consciente. Sin una valoración seria y basada en datos, el diseño sostenible corre el riesgo de convertirse en una moda pasajera o en una nueva normativa sin más. Los ingenieros debemos plantear en cada proyecto los caminos más viables para obtener el máximo con el menor consumo de recursos.
Los que trabajamos en Arup hemos identificado, desde nuestra posición como ingenieros, la urgencia de aportar una visión más global, que integre aspectos técnicos, de sostenibilidad y de rentabilidad. La aplicación de esta visión a la mejora de la eficiencia de los edificios existentes es una nueva herramienta llamada FIT (Financial Impact Tool). A través de ella, aportamos nuestro conocimiento en ingeniería y gestión para proponer y comparar posibles actuaciones de mejora en un inmueble, permitiendo al propietario optar por las acciones que tengan un mayor impacto sobre sus objetivos. De esta manera, la rehabilitación de edificios puede llevarse a cabo con importantes ahorros para el promotor y con un período de retorno de la inversión más bajo.
Teniendo en cuenta que algunos de los cambios propuestos para un edificio suelen tener un coste bajo, al poner en práctica análisis comparados de coste –beneficio se optimizan las intervenciones y su programación en el tiempo. Gracias a FIT, las organizaciones que disponen de una cartera patrimonial amplia pueden identificar fácilmente las áreas con bajo rendimiento - fundamentalmente desde la perspectiva energética, pero no sólo ésta-, evaluar las consecuencias financieras de los cambios propuestos y medir las repercusiones de estos cambios en los objetivos establecidos. Los edificios son sometidos a un análisis estricto para la posterior implementación de los paquetes de medidas que sean aprobadas por la organización. Decía Ove Arup que “los problemas en ingeniería suelen estar poco definidos, de manera que hay muchas soluciones posibles, ya sean buenas, malas o indiferentes”. El arte está en llegar a una de las soluciones buenas por el camino más adecuado.
Pero ¿existen fórmulas universales para encontrar soluciones específicas? Entendemos que no. Cada país, a veces incluso cada ciudad, tiene su propia idiosincrasia, y cada cliente tiene sus propias necesidades. En este sentido, un sistema de evaluación eficaz para edificios existentes debe ser personalizable y adaptable a los objetivos propios de cada organización y de cada emplazamiento. Cada promotor debe establecer sus propios criterios de evaluación, priorizar las medidas de eficiencia y ponderar estos factores en el proceso de toma de decisiones. Ya sea en organizaciones tanto privadas como públicas, en usos tales como oficinas, sanidad, educación, banca u ocio, los ingenieros debemos plantear en cada proyecto de rehabilitación los caminos más viables pero sin recurrir a soluciones enlatadas.